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El embarazo y la enfermedad del VIH:
Problemas que podrían afrontar las mujeres positivas durante el embarazo

Enero de 2007     View PDF     En inglés

Un bebé está en camino ...

Atención y tratamiento apropiados para VIH
Encontrar un equipo de atención médica que apoye tus decisiones y tener un sistema de apoyo personal que te ayude a lo largo del proceso es clave para una embarazo y parto saludables, tanto para ti como para tu bebé. Esto incluye encontrar un obstetra que tenga experiencia en trabajar con mujeres seropositivas que estén considerando quedar embarazadas, obtener una buena atención prenatal que sea regular, monitorear y manejar tu enfermedad del VIH, y hacerte las pruebas y tratamientos para cualquier ETS u OI de manera temprana más bien que en una etapa posterior del embarazo.

Tomar una decisión acerca del
tratamiento contra el VIH

Durante el primer trimestre, si no existe ningún motivo médico urgente para iniciar la terapia contra el VIH, sería conveniente postergar la terapia hasta después de 12 a 14 semanas de embarazo. Hay dos razones principales para esperar hasta el segundo trimestre. Primero, que el “malestar mañanero” (náuseas comunes en el primer trimestre) puede dificultar tomar los medicamentos y complicar de manera especial la adherencia al tratamiento. Esperar hasta el segundo trimestre, cuando el malestar mañanero haya cedido, puede hacer más fácil tomar los medicamentos.

Segundo, se desconoce cuáles sean los efectos de los medicamentos contra el VIH en el bebé durante el primer trimestre. El bebé completa el desarrollo de la mayoría de sus órganos a las doce semanas, así es que muchas personas piensan que es mejor esperar a que se haya completado este desarrollo para iniciar la terapia. Sin embargo, las mujeres que piensan que es importante iniciar la terapia de manera temprana deben seguir sus instintos y no negarse la terapia.

Para las mujeres que ya toman terapia, suspenderla durante el primer trimestre para permitir el desarrollo de los órganos puede hacer que resurja la carga viral, lo que podría llevar a un mayor riesgo de transmisión del VIH. Por otro lado, continuar el régimen a lo largo del primer trimestre podría afectar negativamente el desarrollo del bebé. La decisión acerca de iniciar o suspender la terapia va a variar de persona a persona. Discute con tu médico cuál podría ser la mejor decisión para ti.

Si suspendes la terapia contra el VIH, discute con tu médico cómo hacerlo de manera segura. Sin importar cuál sea tu decisión sobre el uso de terapias contra el VIH durante tu embarazo, es de vital importancia la atención prenatal y el seguimiento de cerca de tu salud y resultados de laboratorio (incluyendo recuentos de células CD4+ y carga viral).

Decisiones sobre el parto
El parto de tu bebé es una experiencia personal y emocional que puede ser muy diferente para cada mujer. Para las mujeres que viven con el VIH, este es un asunto muy complicado. Es mejor que en colaboración con tu médico consideres la modalidad de parto que reduzca el riesgo de transmisión del virus a tu bebé. Existen dos modalidades de parto: operación cesárea (C-section) y parto vaginal.

Una cesárea es una operación mayor que requiere suturas después de efectuar una incisión para separar los músculos del estómago y el útero de la madre con el fin de extraer al bebé. Como con cualquier otra operación mayor, una cesárea—incluyendo las que son electivas—no carece de riesgos. Una cesárea tiene riesgos adicionales para la madre (tales como sangrados o infecciones posoperatorias). Estos riesgos deben sopesarse contra los beneficios de una operación cesárea. Las cesáreas electivas o programadas se hacen antes de que comience el trabajo de parto y antes de que se rompa la fuente de la madre (la membrana que rodea al bebé). Esto reduce el contacto que pueda tener el bebé con la sangre de la madre. En general, una cesárea programada podría beneficiar principalmente a las mujeres que tengan cargas virales altas o que tenga una ETS como herpes o hepatitis C, ya que reducen el tiempo de exposición del VIH al bebé.

Un parto vaginal es el nacimiento del bebé a través de la vagina. Para las mujeres cuya salud general es buena y que tienen carga viral baja o indetectable, el parto vaginal es una opción viable.

Cualquier elección es buena, mientras que sea tuya y en colaboración con tu médico decidas cuál modalidad va a asegurar el parto más seguro tanto para ti como para tu bebé.

Nutrición y ejercicio
La salud y nutrición del bebé dependen de la salud de la madre. Una mala nutrición y un aumento de peso insuficiente de la madre pueden aumentar el riesgo de un nacimiento prematuro o con bajo peso, lo que a su vez aumenta el riesgo de transmisión del VIH al bebé. Durante el embarazo ocurren cambios en el cuerpo y en el peso, y es importante que la mujer aumente suficientemente de peso para nutrirse a sí misma y a su bebé. Aunque el promedio de aumento de peso es de 25 a 30 libras, esto variará según la constitución y metabolismo de cada persona.

Las mujeres positivas pueden tener problemas para subir de peso y subir menos que lo que suele recomendarse durante el embarazo. Uno de los efectos secundarios más comunes de los medicamentos contra el VIH puede ser la dificultad para subir de peso o aun la pérdida de peso.

En tu primera cita prenatal, harán una evaluación cuidadosa de tus necesidades nutricionales. El embarazo aumenta la necesidad de consumir calorías y proteínas. El ácido fólico, el hierro, el calcio y los líquidos son todos de importancia para el desarrollo del bebé. En la dieta de la futura madre deben incluirse niveles adecuados de cada uno de ellos. A la mayoría de las mujeres se les recomienda tomar suplementos de ácido fólico por lo menos tres meses antes de quedar embarazadas o tan pronto se enteren de que están embarazadas.

El ejercicio regular es importante, ya que fortalece y tonifica los músculos, facilitando así tanto el embarazo como el parto. Nadar y caminar son beneficiosos puesto que ponen poca tensión a los músculos. Un buen descanso también es necesario. Las mujeres embarazadas deben tratar de cuidarse mucho y no sobreesforzarse. Se recomienda por lo menos ocho horas de sueño cada noche, y muchas mujeres encontrarán que requieren aún más tiempo.

Al saber si tu bebé es VIH positivo o negativo
Es natural que quieras saber inmediatamente si tu bebé está infectado con el VIH. Sin embargo, puede tomar desde tres hasta dieciocho meses para saber de forma definitiva el estatus del VIH del bebé. Durante este tiempo, le harán al bebé una serie de análisis de sangre.

Todos los bebés que nacen de madres VIH positivas, incluyendo los bebés que no están infectados con el virus, tendrán resultados positivos a la prueba de anticuerpos del VIH, tanto en el momento del nacimiento como durante muchos meses después. Esto se debe a que el bebé nace con los anticuerpos de la madre. Toma algún tiempo para que estos desaparezcan y el bebé desarrolle sus propios anticuerpos. A tu bebé se le hará una prueba del VIH en el momento del nacimiento, otro al mes y otro a los tres meses de haber nacido.

Si no lo estás amamantando y todos estos análisis resultan negativos, tu bebé no estará infectado con el VIH. Después de que el bebé nazca, es probable que el médico le recete tomar medicamentos contra el VIH durante 4 a 6 semanas. Seguramente le darán AZT en formulación líquida tomada de 2 a 4 veces al día. Los estudios sugieren que este uso de los medicamentos contra el VIH durante las primeras semanas de vida juega un papel importante en disminuir el riesgo de infección del VIH del bebé.

Si los análisis resultan positivos y se determina que tu bebé está infectado con el VIH, el médico discutirá contigo el tratamiento y las opciones de atención médica a las que podrías tener acceso. Consulta la lista de recursos de la página 10 para encontrar organizaciones con información sobre el VIH/SIDA pediátrico.

 
     
 

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