PI Perspective #41
Junio de 2006 Ver PDF En
inglés
Los precios de los medicamentos ...
y lo que usted puede hacer al respecto
Durante los últimos años, se le ha dado una gran
atención a la reducción de costos en el tratamiento
del VIH en los países en desarrollo. Debido a la competencia
de los medicamentes genéricos, la presión de los activistas
y los políticos, y los movimientos dentro de la industria
farmacéutica misma, el costo de una combinación típica
de tres medicamentos contra el VIH ha descendido notoriamente en
algunos países. Regímenes que cuestan de $15,000 a
$20,000 por persona al año en los Estados Unidos están
siendo suministrados ahora en África, Asia y Sur América
por tan solo unos pocos cientos de dólares por persona al
año. Algunos medicamentos de las compañías
farmacéuticas más importantes son suministrados a
costo bruto, mientras que sus equivalentes genéricos están
siendo vendidos a precios bajos sin precedentes. La crisis del SIDA
en los países en desarrollo ha podido demostrar que los buenos
medicamentos no tienen por qué ser prohibitivamente costosos.
Sin embargo, el éxito en reducir los costos en algunos países
en desarrollo no ha tenido un efecto positivo en los precios en
los Estados Unidos. De hecho, los precios de los nuevos medicamentos
han estado por las nubes en los últimos años, mientras
que los de los medicamentos antiguos han ido subiendo progresivamente
cada año. Es apropiado y necesario que los aseguradores del
cuidado de la salud en los países más ricos absorban
la mayor parte del costo de los medicamentos. Sin embargo, el impacto
de los costos crecientes en el sistema de salud de los Estados Unidos
no puede ignorarse. El mayor costo de los medicamentos es uno de
los desencadenantes de los inmensos costos del cuidado de la salud,
lo que origina restricciones en los programas públicos, costos
inalcanzables en la atención médica, y aumento en
el número—ya de por sí dramático—de
personas sin seguro de salud. Una porción significativa de
los mayores—aunque todavía insuficientes—fondos
por parte del Congreso para satisfacer las necesidades del creciente
número de personas necesitando tratamiento, han sido consumidos
por el costo más alto de los medicamentos. Esta tendencia
tiene que parar, y tiene que parar ahora mismo.
Cuando los primeros inhibidores de la proteasa fueron lanzados
al mercado en 1995 y 1996, su precio fluctuaba entre $4,500 al año
para el menos costoso (Crixivan de Merck) a aproximadamente $7,000
al año para los de mayor costo (Norvir de Abbot e Invirase
de Hoffman-La Roche). Los dos inhibidores de la proteasa aprobados
recientemente, el Reyataz (Bristol-Myers Squibb) y el Aptivus (Boehringer
Ingelheim), rompieron nuevos récords en su precio inicial.
El precio básico para el Reyataz es de $10,862 al año
si se usa solo, o $14,774 cuando se utiliza con una pequeña
dosis “fortificante” de Norvir (la cual es requerida
para las personas que han utilizado antes inhibidores de la proteasa).
Cerca de un año después de que el Reyataz fijó
un nuevo umbral de precios, el Aptivus le siguió los pasos,
vendiéndose a $13,596 si se usa solo. A pesar de lo mal que
ya suena esto, el Aptivus debe siempre usarse con una dosis grande
de Norvir, la dosis fortificante que cuesta a los aseguradores privados
hasta $15,654 al año, lo que lleva el costo total del Aptivus
a $29,240 al año. (El alto costo del Norvir en ambos casos
refleja el aumento gigantesco del 400% que experimentó este
medicamento desde hace ya un año. El mayor precio se aplica
únicamente a los aseguradores privados y compradores individuales,
ya que el precio no fue aumentado para los aseguradores gubernamentales
tales como ADAP [programa de asistencia para la adquisición
de medicamentos contra el SIDA] y Medicaid. Ver el cuadro en la
página XX sobre cómo las persona que utilizan Aptivus
pueden obtener gratis el Norvir )
Tan altos como puedan parecer estos precios, aún no constituyen
el costo total del régimen. Tanto el Reyataz como el Aptivus
deben estar además acompañados de por lo menos otros
dos medicamentos contra el VIH, los cuales típicamente añaden
otros $9,000 al costo total del régimen de tratamiento, lo
que lo lleva a un precio final de algo así como $24,000 a
$38,000. ¡Pero espere, todavía no hemos terminado!
La información disponible sobre el uso del Aptivus demuestra
cada vez más que en realidad el medicamento solamente funciona
bien en la población de pacientes para el cual está
licenciado cuando se combina con otro medicamento supercostoso ,
el Fuzeon (Hoffman-La Roche), el cual le añade la pasmosa
suma de $27,000 al costo del tratamiento. De tal manera que ahora
estamos viendo costos de regímenes que podrían llegar
hasta los $65,000 al año. ¿Con costos como este, además
de las futuras alzas de precio anuales, se esperar razonablemente
que los que abogan por los pacientes puedan solicitarle exitosamente
año tras año al Congreso los fondos necesarios durante
los próximos 25 a 50 años?
Para ser justos, hay que reconocer que estos son precios aproximados
de venta al “por menor.” La mayoría de las personas
con VIH obtienen sus medicamentos a través de programas gubernamentales
y los precios que se cargan a dichos programas incluyen descuentos
sustanciales de por lo menos un 25% o más. Aun con un 25%
de descuento estos precios continúan siendo exorbitantes.
Tales precios representan una transferencia de riqueza de los pagadores
de impuestos y los compradores de los seguros de salud directamente
a la industria farmacéutica. A diferencia de muchos otros
medicamentos costosos, que se utilizan solamente durante períodos
de enfermedad aguda, los fármacos para tratar el VIH son
de uso diario, durante toda una vida, lo que desde la perspectiva
de las compañías farmacéuticas constituye un
flujo constante de dinero. En casi cualquier otra industria, la
venta a largo plazo de un producto resulta en reducciones graduales
del precio puesto que los costos de desarrollo del producto ya han
sido recuperados desde hace tiempo. Esto no es así para las
compañías farmacéuticas, las cuales de alguna
manera han convencido a los pagadores y pacientes de que sus productos
deben subir de precio cada año que pasa. Es cierto que la
industria farmacéutica debe reinvertir una porción
de sus utilidades en el desarrollo de nuevos productos, pero el
porcentaje de lo que se gasta en este renglón no es muy distinto
al de otras industrias. De hecho, es menor que el de varias otras
industrias. El hambre de utilidades de la industria farmacéutica
debe ser desafiada. La salud y el bienestar de los enfermos y necesitados,
bien sea en áreas desarrolladas o no del mundo, no debe ser
explotada.
¿Qué podemos hacer al respecto?
Esto nos lleva a preguntarnos qué se puede hacer.
Aunque muchos piensan que el límite a los precios es una
solución obvia, es muy improbable que ocurra dentro de este
clima político. Esto deja a la presión pública
y la competencia en el mercado como los principales niveladores
de los precios. Este número sale muy a tiempo puesto que
es probable que cerca de cuatro medicamentos para tratar el VIH
sean aprobados en los próximos 18 meses, y algunos tan pronto
como en junio de 2006. Dos son de una nueva compañía,
Tibotec Therapeutics (cuyo propietario es Johnson & Johnson).
Uno es un nuevo inhibidor de la proteasa, el darunavir, que parece
funcionar bien aun en personas con VIH resistente a los inhibidores
de la proteasa. El segundo, el TMC 125, podría ser el primer
inhibidor no nucleósido de la RT (NNRTI por su sigla en inglés)
que actúa contra virus que se han vuelto resistentes a otros
medicamentos de esta clase. Un tercer nuevo medicamento, el de Merck,
es el primero de una nueva clase de medicamentos denominados inhibidores
de la integrasa. Cada indicación hasta ahora es que le medicamento
va a clasificarse como uno de los más potentes hasta el momento,
y a diferencia del darunavir, no requiere del uso de una dosis fortificante
de Norvir. El cuarto nuevo medicamento que va camino a la aprobación
es el maraviroc de Pfizer, el cual representa una adición
a la relativamente nueva clase de medicamentos llamados inhibidores
de entrada, el cual debe actuar a pesar de una anterior forma de
resistencia. Los precios para estos cuatro medicamentos van a determinar
si la descomunal tendencia a precios cada vez más altos y
utilidades cada vez más jugosas va a prevalecer, o si la
industria farmacéutica finalmente va a tomar consciencia
y empezar a desempeñar su papel de buen ciudadano en una
época de crisis de salud mundial.
Usted puede ayudar a determinar el resultado.
En este momento hay una campaña encaminada a solicitarle
a la administración de Tibotec Therapeutics que rompa filas
con sus competidores e instaure nuevos estándares de ciudadanía
corporativa responsable. Ellos podrían ponerle unos precios
sustancialmente más bajos a sus importantes nuevos medicamentos
que los de los dos últimos inhibidores de la proteasa y todavía
ganar una buena utilidad. Sabemos esto porque el inhibidor de la
proteasa de mayor venta, el Kaletra (fabricado por Abbot Laboratories),
tiene un precio mucho menor que el de sus nuevos competidores. Quizás,
más importante aún es que el darunavir va a obtener
la aprobación de la FDA basado en algunos de los requisitos
más fáciles y menos costosos que la FDA le haya pedido
a compañía alguna durante los últimos diez
años. Inicialmente, la FDA aparentemente reconoció
las promesas y potencia del medicamento e invitó a la compañía
a solicitar la aprobación con los resultados de los estudios
de fase II, sin tener que esperar el requisito de completar los
estudios de fase III. Esto representa una gran ventaja económica
para la compañía, la cual debería ser compensada
con un menor precio.
El caso para solicitar menores precios de Tibotec se encuentra
explicado en detalle en una “Declaración de Consenso”
que está siendo circulada por todo el país por un
movimiento para este propósito denominado Fair Pricing Coalition
(coalición para precios más justos, [para más
información sobre este movimiento, ver www.champnetwork.org.]
La Declaración de Consenso de la Fair Pricing Coalition pide
que Tibotec ponga precios que no superen a los de Kaletra, los cuales
distan mucho de ser baratos [$9,555 al año, incluyendo la
fortificación con ritonavir]). La Declaración no pide
una reducción drástica del precio, sino que se reverse
la incesante tendencia a poner precios cada vez mayores. Como siempre,
se esperan descuentos adicionales para los pagadores gubernamentales
y un precio mínimo para cuando el medicamento entre en los
países en desarrollo.
La Declaración de Consenso puede leerse en esta dirección
de Internet: www.champnetwork.org. Cientos de organizaciones comunitarias
e individuos ya han firmado, y usted puede añadir su nombre
o el nombre de su organización, en la página web dada
anteriormente. Cada semana, una lista actualizada de todos estos
grupos y personas exigiendo precios más justos es enviada
a Glenn R. Mattes, Presidente de Tibotec Therapeutics. Si se observa
alguna indicación de que Mr. Mattes no está tomando
seriamente la petición, ésta será redirigida
a los más altos niveles de Johnson & Johnson, los dueños
de Tibotec Therapeutics.
Si usted quiere llamar aún más la atención
de Mr. Glenn R. Mattes, escríbale directamente una carta
personal a:
Mr. Glenn R. Mattes
President, Tibotec Therapeutics
430 Route 22 East
Bridgewater, NJ 08807-0914
No tiene que ser una carta extensa—solo unas pocas palabras
fuertes expresando su frustración con los precios excesivos
e injustos, y alentado a Tibotec a que actúe como un ciudadano
corporativo responsable al poner los precios de su nuevo medicamento
contra el VIH. Mientras más cartas reciba, mayor será
la presión que sienta la compañía. Las compañías
buscan alabanza y reconocimiento cuando lanzan un nuevo medicamento
al mercado, y el nuevo medicamento de Tibotec parece ser un muy
buen producto que merece los respectivos elogios. Pero no si la
compañía toma ventaja de los beneficios del medicamento
y le pone un precio exorbitante. Tibotec necesita saber que una
decisión de este tipo le va a acarrear un coro de protestas
a la prensa en el mismo día en que ellos esperan recibir
su aplauso.
Esto solo va a funcionar si la gente lo apoya. Ésta es su
oportunidad para hacer algo importante. Únase a lucha por
los precios más justos. Exíjale a Tibotec, que a hasta
el momento ha escuchado bien a las comunidades afectadas por el
VIH, que escuche también este pedido de precios más
bajos.
Además, cuando Tibotec termine con su inhibidor de la proteasa,
debemos elevar este mismo pedido para el precio de su inhibidor
no nucleósido de la RT, y luego pasar nuestra atención
a Merck y Pfizer a medida que cada uno vaya ofreciendo una nueva
clase de medicamentos al mercado. Este es solo el comienzo de una
larga lucha. Su ayuda es necesaria en cada paso.