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PI Perspective #33Agosto de 2001 Ver PDF En inglés Las mujeres y el SIDA: 20 años despuésCuando fue detectado el SIDA por primera vez en las mujeres en el año de 1981, decididamente se ha convertido en una gran preocupación para las mujeres de todas las edades Las falsas creencias generalizadas al principio de que las mujeres no corrían el riesgo de contraer el VIH, y la caracterización del SIDA como una enfermedad que afecta principalmente a los hombres homosexuales, desvió la atención de los problemas de la población femenina en las primeras fases de la epidemia. Hoy en día, las mujeres constituyen el 32% de los nuevos casos de VIH diagnosticados en Estados Unidos. Mundialmente, las mujeres representan más de la mitad de la población infectada con VIH o SIDA. A medida que ha crecido la proporción de mujeres en la epidemia del VIH, también ha crecido la respuesta de las comunidades de investigación, medicina y activismo hacia los problemas de la población femenina. Pero aunque hoy en día se sabe y se está haciendo más respecto a las mujeres y el VIH, sigue habiendo preguntas básicas sin contestar. Acceso a la atención médica A pesar de estos hechos, ciertos programas modelo en varias ciudades demuestran el beneficio de programas de atención centrada en la mujer que responden a las exigencias conflictivas en la vida y la salud de las mujeres, coordinando cuidados para el VIH, ginecológicos y pediátricos, y servicios psicosociales y de guardería infantil. Aunque la atención centrada en la mujer sigue siendo la excepción y no la regla, estos programas integrados ayudan a las mujeres a buscar atención médica para sí mismas y sus familiares y, en último término, tener una vida más saludable. Las mujeres y las investigaciones Diferencias biológicas Sin embargo, cada vez hay más estudios que muestran diferencias en la carga viral y los recuentos de células CD4+ según el sexo. La causa y el significado de estas diferencias aún no se entienden, y es importante notar que no en todos los estudios se han observado diferencias en estas mediciones según el sexo. Si se analizan todos estos estudios en conjunto, tal vez lo que puede concluirse con más convicción es que se requiere más información para verificar si de hecho existen estas diferencias, y, en caso afirmativo, qué implicaciones podrían tener en el tratamiento y la atención médica de las mujeres. Una teoría que propone explicar estas diferencias es la función de las hormonas femeninas. Los estudios efectuados hasta la fecha sugieren que podría existir una relación entre el estrógeno y las diferencias de carga viral observadas entre los hombres y las mujeres. También se está tomando en consideración el efecto que ejercen las hormonas femeninas en el aumento o la disminución de los recuentos de células CD4+, y el efecto del avance de la enfermedad del VIH sobre los niveles hormonales y las irregularidades menstruales. Varias terapias contra el VIH interfieren en el metabolismo de anticonceptivos orales, lo cual sugiere la existencia de una posible interacción entre dichas terapias y las hormonas naturales del organismo. Por ahora se trata únicamente de teorías, y hace falta efectuar más investigaciones para determinar hasta qué punto estos factores son responsables de las diferencias observadas en las pruebas de laboratorio. Las manifestaciones de la infección por VIH específicas en las mujeres, en particular las complicaciones ginecológicas, se observaron en las primeras etapas de la epidemia. En 1993 se modificó la definición del SIDA para incluir el cáncer cervical como una de las afecciones relacionadas con el virus. Los estudios siguen demostrando que las mujeres VIH-positivas tienen una mayor incidencia de cáncer cervical que las no portadoras, aunque el uso de mejores métodos de detección y terapias contra el virus han disminuido en parte la tasa de anormalidades cervicales. Las tasas de otras enfermedades relacionadas con el VIH en hombres y mujeres son parecidas. Tratamiento Las mujeres también experimentan cambios en la forma corporal distintos de los observados en hombres y, en algunos casos, una mayor frecuencia de anormalidades de laboratorio (como la hiperglucemia) mientras toman terapias contra el VIH. Es difícil decir a ciencia cierta si estos efectos están relacionados directamente con medicamentos específicos u otros factores, como la edad o la etapa de la enfermedad. Hay muchas razones posibles de las diferencias en los efectos secundarios de los medicamentos, como por ejemplo el peso corporal, las hormonas, el metabolismo y otros factores. Lamentablemente, el bajo número de mujeres inscritas en estudios entorpece la habilidad de detectar diferencias en las respuestas a las terapias y los efectos secundarios según el sexo. También dificulta la posibilidad de determinar las causas de las diferencias si se llega a demostrar que existen. Para poder esclarecer estas interrogantes, debe darse una mayor prioridad a los esfuerzos para motivar a las mujeres a participar en los estudios. Prevención En vista de estas increíbles tasas de éxito, resulta alarmante que todavía carezcamos de un método de prevención del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual (ETS) que sea eficaz, ampliamente disponible y verdaderamente controlado por la mujer. Las esperanzas iniciales de que el condón femenino podría proporcionar este tipo de protección han sido atenuadas por la realidad de que este método sigue requiriendo la participación de la pareja. Ya viene siendo hora de que exista otro método que confiera a las mujeres la habilidad de protegerse a sí mismas y a sus parejas contra el VIH y otras ETS. Conclusión |
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