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PI Perspective #33

Agosto de 2001     Ver PDF     En inglés

Control del nivel de medicamentos:
El siguiente adelanto en diagnósticos

El último par de años ha traído avances importantes en el tratamiento y el cuidado de las personas con VIH. En muchas de las primeras tentativas con las personas seropositivas al VIH se evaluaron varios indicadores sanguíneos para determinar si podían ser útiles para realizar un seguimiento de la salud de personas con la enfermedad y si eran capaces de predecir el riesgo de que se produjera un progreso en la infección. Se llegó a la conclusión de que muchos indicadores no eran útiles, entre ellos la beta-2 microglobulina, el neopterin y el antígeno p24. Otros, por el contrario, han pasado a ser parte rutinaria del cuidado estándar; entre ellos se incluyen el recuento de células CD4+ y la observación y prueba de resistencia de la carga viral (niveles de ARN VIH). Muchos otros indicadores sanguíneos siguen siendo evaluados, si bien es más probable que el próximo adelanto clave provenga del campo de la farmacología y más específicamente del control de medicamentos terapéuticos (TDM por sus siglas en inglés.) La farmacología realiza el estudio de cómo los medicamentos son absorbidos, cómo se descomponen (metabolizan) y cómo son eliminados por el cuerpo. El TDM hace un seguimiento del nivel de varios medicamentos en la corriente sanguínea.

El objetivo del TDM es asegurarse de que existan unos niveles adecuados de medicamentos en el organismo para bloquear de manera efectiva la reproducción del VIH. El TDM requiere que se tome una muestra de sangre para medir la cantidad de un medicamento específico en la corriente sanguínea [de manera especial los inhibidores de proteasa y/o los inhibidores no nucleósidos de transcriptasa inversa (NNRTI.) La mayoría de los expertos considera que medir los niveles de los inhibidores nucleósidos de la transcriptasa inversa (NRTIs), como el AZT, resultaría de poco valor, ya que estos medicamentos bloquean la reproducción del VIH en el interior de la célula y los niveles que se encuentran en la sangre no corresponden necesariamente con aquellos en el interior de la célula.

El TDM puede ser particularmente útil para los inhibidores de proteasa ya que los niveles presentes de medicamento pueden variar enormemente entre distintos individuos debido a las diferencias en el modo en que los diferentes organismos descomponen y usan estos medicamentos. Asegurarse de que las personas permanezcan dentro de la “franja terapéutica”—una franja dentro de la cual sabemos que el medicamento funciona y que no está causando efectos secundarios excesivos—puede aumentar significativamente la probabilidad de una respuesta duradera al tiempo que disminuye el riesgo de los efectos secundarios. El TDM hace posible que se ajuste la dosis que corresponde a las necesidades de una persona en particular. El peso corporal, el sexo de la persona, la etapa en la infección del VIH, una coinfección con hepatitis y la presencia de una disfunción en el hígado o en el riñón, son todos elementos que podrían exigir un ajuste de la dosis de un medicamento en una persona dada. En la actualidad solo se asigna una dosis única que según se calcula debería funcionar en la persona “promedio”. Para algunas personas, esta dosis “promedio” puede resultar excesiva, mientras que para otras es insuficiente.

La “franja terapéutica” puede ser diferente para alguien que está tomando por primera vez una terapia contra el VIH en comparación con alguien que previamente ha tomado distintos medicamentos y podría haber desarrollado un grado de resistencia a ellos. Podría ser necesario para personas con virus resistentes a los medicamentos, llegar a unos niveles más altos de medicamentos para poder “vencer” al virus resistente. Esto se puede lograr ingiriendo unas dosis más altas de un medicamento en particular o bien a través de un medicamento “estimulador” como el ritonavir (Norvir.)

Existen todavía un par de escollos que deben ser sorteados, antes de que el TDM pueda ser empleado como parte de una rutina de cuidado. Un área de inquietud es la exactitud de los propios exámenes.

Quizás el mayor obstáculo consista en determinar el momento apropiado para sacar la muestra de sangre que se utiliza para detectar los niveles de los medicamentos. Entre un grupo de personas que estén tomando el mismo medicamento, cada cual presentará patrones diferentes en cuanto a la manera en que el medicamento es absorbido y eliminado por el organismo. El máximo nivel del medicamento, o “Cmáx” como se le conoce comúnmente, puede encontrarse en la sangre poco después de que se tome una dosis del medicamento. Algunos investigadores creen que mientras más alto sea el nivel del Cmáx, más probable resulta que la persona experimente efectos secundarios. Con el paso del tiempo, el nivel del medicamento disminuye gradualmente hasta que en un momento dado llega a un nivel mínimo, llamado “Cmín”. Cuando se llega a este nivel, debe tomarse la siguiente dosis del medicamento para elevar su nivel en la sangre. Si el Cmín cae por debajo de la cantidad necesaria para suprimir totalmente la reproducción del VIH, aumenta el riesgo de desarrollar una resistencia al medicamento. Mientras más bajo sea el nivel de Cmín, más probable resulta que se desarrolle una resistencia al medicamento.

En el caso de los medicamentos contra el VIH, el Cmín es probablemente el factor más importante en el momento de evaluar una respuesta contra el VIH, por lo cual las personas en tratamiento deberían hacerse un examen de sangre inmediatamente antes de la siguiente dosis programada. En la práctica, esto resulta algo muy difícil. El escenario más probable es que las personas se hagan el examen cuando puedan tener una cita en el laboratorio o con su médico y esto no necesariamente ocurre justamente antes de la siguiente dosis programada.

Los resultados preliminares del estudio ATHENA apoyan el uso del TDM. Esta investigación incluyó 600 personas, la mitad de las cuales no habían seguido anteriormente terapias contra el VIH. La mitad de los participantes recibió TDM en adición a los controles estándar (recuento de células CD4+, carga viral, etc.) mientras que la otra mitad sólo recibió el control estándar. Se han dado a conocer los resultados solamente para las personas que no habían recibido antes terapias contra el VIH y que empezaron el tratamiento ya fuese con nelfinavir (Viracept) o indinavir (Crixivan.)

Los resultados para los participantes que empezaron con otras terapias contra el VIH y para las personas que habían estado previamente en terapias contra el VIH se harán públicos próximamente.

Cincuenta y cinco personas comenzaron con indinavir como su régimen de primera línea, divididos en dos grupos más o menos iguales entre aquellos que tomaron la dosis estándar de indinavir (800 miligramos cada ocho horas) y los que tomaron una de dos combinaciones de indinavir + ritonavir (ya fuese 800 miligramos de indinavir y 100 miligramos de ritonavir dos veces al día o bien 400 miligramos de indinavir y 400 miligramos de ritonavir también dos veces al día). Después de un año de seguimiento, existía una tendencia que sugería que un grupo menor de las personas que estaban recibiendo el TDM tuvieron que suspender la terapia debido en especial a los efectos secundarios. Además, un número significativamente mayor de personas que recibían el TDM alcanzaron cargas virales por debajo de las 500 copias/mL pasados doce meses del estudio.

Los resultados para el grupo que estaba tomando nelfinavir fueron levemente diferentes. 92 personas tomaron nelfinavir como terapia de primera línea en este estudio. Un número significativamente menor de las personas que estaban recibiendo TDM suspendieron la terapia, en comparación con el grupo que no estaba siguiendo el TDM, pero esto se debió casi por completo al hecho de que menos personas experimentaron fallas virológicas (repuntes en la carga viral) y no debido a los efectos secundarios, como se vio en las personas que estaban tomando indinavir. Como resultado, pasados doce meses del estudio, un número significativamente mayor de las personas que recibían TDM alcanzaron cargas virales por debajo de las 500 copias/mL en comparación con aquellos que no estaban recibiendo el TDM.

Próximamente aparecerá información adicional sobre este estudio, incluyendo los resultados para las personas que habían seguido previamente terapias contra el VIH, así como información específica sobre la mayor o menor probabilidad de que se requieran ajustes en las dosis dependiendo del sexo de la persona, el peso u otros factores.

Niveles de medicamento en el interior de las células
Otro posible factor de complejidad en relación con el TDM es el reciente hallazgo de niveles de inhibidores de proteasa en el interior de las células, algo similar a lo que se había observado con los NRTIs. Hasta la fecha, nadie ha demostrado una conexión entre los niveles de inhibidores de proteasa en el interior de las células y el efecto de los medicamentos contra el VIH, pero en este momento se están realizando estudios para examinar la cuestión. También se desconoce si existe una conexión entre los niveles de inhibidores de proteasa encontrados en la sangre y aquellos encontrados en el interior de las células.

Las células humanas poseen ciertos genes llamados glicoproteínas-P (P-gp) y Proteínas de Resistencia Multifármacos. Estos genes controlan qué substancias, incluyendo los medicamentos, pueden introducirse en las células y qué tan rápido son expulsadas para proteger a las células de los efectos tóxicos.

Todavía no está claro qué papel desempeñan estos genes en la efectividad global de las terapias contra el VIH, aunque se considera que constituyen un factor en qué tan bien son absorbidos los medicamentos y qué tan eficientemente llegan a ciertas partes del organismo, como el cerebro. Se sabe que estos genes juegan un papel importante en la efecti vidad de las terapias para otras enfermedades. Por ejemplo se ha mostrado que una presencia alta de estos genes hace las células cancerosas más resistentes a los medicamentos tradicionales.

Interacciones entre los medicamentos
Muchos medicamentos contra el VIH, así como las terapias usadas para prevenir o tratar las infecciones oportunistas son metabolizados en el cuerpo por las mismas enzimas. Esto significa que existen muchas posibles interacciones entre los medicamentos. Por consiguiente, es de gran importancia hablar de este asunto con su médico o su farmacéutico, especialmente cuando se están usando medicamentos para prevenir infecciones oportunistas.

Tanto su médico como su farmacéutico deben estar al tanto de todas las medicinas que usted está tomando, incluyendo las hierbas y las vitaminas que se venden sin prescripción médica. Puede encontrar mayor información sobre las interacciones entre los medicamentos en la línea telefónica de ayuda gratuita de Project Inform (por el momento solo en inglés.)

Uno de los asuntos más discutidos durante el pasado par de años acerca de las interacciones entre los medicamentos ha sido el del uso de ritonavir para estimular los niveles de otros inhibidores de proteasa. Esta práctica puede resultar en dosis menos frecuentes y en una dosis diaria reducida. Esto se obtiene de una de las siguientes dos maneras: A) El ritonavir puede aumentar marcadamente el Cmáx (nivel máximo) de lopinavir y saquinavir en la sangre sin cambiar significativamente la velocidad con la que el otro medicamento es eliminado del organismo, o B) el ritonavir puede aminorar la velocidad con la cual el indinavir y el amprenavir son eliminados del organismo sin afectar significativamente el Cmáx.

lopinavir o saquinavir tomados por separado
resultados cuando se toma el medicamento junto con ritonavir

indinavir, nelfinavir o amprenavir tomados por separado
resultados cuando se toma el medicamento junto con ritonavir

Los resultados preliminares sugieren que el ritonavir puede impulsar los niveles de dos inhibidores de proteasa simultáneamente, lo cual indica que es posible que esto sea una estrategia útil para una terapia de tercera línea.

Impulsar los niveles de los medicamentos, sin embargo, podría hacer más arduo interpretar los resultados de la resistencia, porque unos niveles más altos de medicamento podrían “ganarle en potencia” a algunos de los virus resistentes a los medicamentos.

En la actualidad, la mayor parte de las personas considera que disminuir en cuatro veces la sensibilidad a un medicamento significa una resistencia de bajo nivel mientras que una disminución de diez veces o más significa una resistencia de nivel elevado. Esto se considera generalmente aceptable porque los niveles de un medicamento que se encuentran en la sangre son solo de cuatro a ocho veces más altos de los que simplemente se necesitan para impedir que el VIH se reproduzca. Sin embargo, el ritonavir impulsa los niveles de medicamento en el caso de algunos inhibidores de proteasa quince veces o más, de manera que estas reducciones de cuatro a diez veces que se utilizan como indicadores en las pruebas de resistencia pueden pasar a ser irrelevantes. En otras palabras, es posible que usted pueda “ganarle en resistencia” a algunos de los virus resistentes con el uso de ritonavir y de algunos de estos inhibidores de proteasa, a pesar de que sus pruebas de resistencia indiquen que usted podría ser resistente a uno o más de estos medicamentos. Por consiguiente, podría ser importante que su médico tenga en cuenta los niveles de medicamento y los niveles de sensibilidad reducida hacia los medicamentos al evaluar los resultados de las pruebas. Para mayor información, ver la publicación de Project Inform, Pruebas de resistencia de VIH.

Enlaces con las proteínas
Es bien sabido que los medicamentos contra el VIH se enlazan con ciertas proteínas en el organismo, lo cual resulta en la disminución de la actividad contra el VIH. En algunos casos esto ha causado que se deje de desarrollar el medicamento al haber perdido casi toda su actividad. Mientras más enlazado esté un medicamento con estas proteínas, mayor será la pérdida en la actividad contra el VIH.

La presencia de estas proteínas es:

  • mayor en los individuos seropositivos al VIH que en los negativos,
  • menor entre las personas con cirrosis (una enfermedad del hígado causada por la pérdida de células hepáticas en funcionamiento) mientras el hígado produce estas proteínas,
  • mayor durantes los períodos de inflamación, y
  • diferente entre los sexos y entre los grupos étnicos.

Lo que hace esto aún más confuso es que las pruebas que miden los niveles de medicamento en la sangre no siempre reflejan los efectos de los enlaces con las proteínas. Así que una prueba de control de un medicamento terapéutico podría indicar que existe un nivel adecuado del medicamento en la corriente sanguínea cuando de hecho no todo el medicamento está disponible para cumplir su función. Esta ha sido un área de intenso debate entre las compañías farmacéuticas que están desarrollando medicamentos porque se pueden obtener resultados muy diferentes de la actividad contra el VIH dependiendo de la cantidad de proteína que se utilice en sus experimentos de laboratorio. A consecuencia de esto cada compañía afirma que sus medicamentos, al menos en sus respectivos laboratorios, son más activos contra el VIH que los de sus competidores.

Comentario
Existe una alta probabilidad de que futuros avances en el campo de la farmacología resulten en beneficios significativos para las personas seropositivas al optimizar las dosis de las terapias contra el VIH al tiempo que se reducen los riesgos de algunos efectos secundarios. Es posible que el TDM proporcione otra pieza útil de información, junto con los recuentos de células CD4+, la carga viral y las pruebas de resistencia, y que podría ayudar a evaluar la efectividad de un régimen contra el VIH. Sin embargo, quedan todavía numerosas cuestiones que deben ser solucionadas antes de que esta prueba pueda ser usada como parte del cuidado de rutina. Más aún, el nivel de beneficios que proporcione el TDM debe ser sopesado con los costos y la complejidad de realizar pruebas adicionales.

 
     
 

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