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PI Perspective #32

Marzo de 2001     Ver PDF     En inglés

Las mujeres y la farmacología

La farmacología, una ciencia que estudia la manera en que los medicamentos son procesados en el cuerpo, pone de manifiesto consideraciones conocidas y potenciales para la mujer. Los estudios que tratan de estas consideraciones señalan las diferencias en el metabolismo, los niveles y los efectos secundarios de los medicamentos entre los sexos. En este artículo se destacan algunas observaciones importantes para mujeres portadoras del VIH.

Estudio sobre la delavirdina
En un artículo anterior, Project Inform informó sobre un estudio que analizó las diferencias entre los niveles sanguíneos de hombres y mujeres que tomaban delavirdina (Rescriptor), un inhibidor no nucleósido de transcriptasa inversa (abreviado NNRTI en inglés). Como suele suceder con casi todos los medicamentos, la cantidad de delavirdina en la sangre aumenta a un nivel máximo o pico después de su ingestión, para luego disminuir gradualmente a un nivel de valle o mínimo justo antes de la dosis siguiente. Sin embargo, en este estudio se demostró que en las mujeres que tomaban delavirdina (Rescriptor) + AZT (Retrovir), el nivel de valle era casi el doble (1.8 veces mayor) que el de los hombres, aunque participantes de ambos sexos estaban tomando exactamente las mismas dosis.

Entre las posibles explicaciones de esta disparidad se encuentran las diferencias de peso y masa corporal y los efectos de las hormonas. Sea cual sea la causa, los resultados del estudio sugieren que, en algunos casos, la asimilación de los medicamentos en las mujeres y los hombres es diferente, y que los investigadores deben tener muy en cuenta este efecto.

Estudio sobre el ritonavir
Además de mostrar niveles más elevados de los medicamentos contra el VIH en la sangre, las participantes de algunos estudios tuvieron efectos secundarios más intensos o diferentes. Un estudio que examinó los efectos del uso de ritonavir (Norvir) demostró que las mujeres experimentaron más náuseas, vómito y malestares que los hombres. Algunas mujeres que tomaban ritonavir experimentaron además un efecto secundario singular y potencialmente peligroso: menstruaciones excesivas.

Aunque todavía no se conoce la causa de estas diferencias, al igual que en el caso del estudio de la delavirdina, estos resultados sugieren que para reducir estos efectos adversos, las mujeres podrían beneficiarse tomando dosis de medicamentos menores que las que se administran a los hombres. Se han llevado a cabo muy pocas investigaciones para evaluar el efecto de posologías diferentes en las mujeres. En consecuencia, aún no se sabe si sería posible disminuir las dosis para aliviar los problemas relacionados con los efectos secundarios, sin peligro de sacrificar la potencia y la efectividad a largo plazo de un medicamento. A corto plazo, probablemente sea insensato disminuir las dosis de medicamentos contra el VIH con el único fin de controlar sus efectos secundarios. Aunque es cierto que la disminución de la dosis podría aminorar los efectos secundarios, también podría impedir que el medicamento surta efecto o provocar el desarrollo de resistencia viral.

En la actualidad se está evaluando un proceso de prueba que podría arrojar luz sobre estas áreas. Denominado “monitorización farmacoterapéutica”, este proceso puede indicar a las personas los niveles sanguíneos reales de los medicamentos que están tomando. Aunque el proceso se encuentra todavía en fase experimental, es importante que las mujeres busquen participar en estudios que emplean esta nueva tecnología; ello permitirá recopilar más información que incluya experiencias de la población femenina.

Interacciones entre los medicamentos
Las interacciones entre las terapias contra el VIH y otros medicamentos utilizados comúnmente en las mujeres constituyen otra importante consideración farmacológica. Por ejemplo, se sabe que algunos inhibidores de proteasa disminuyen el nivel de estrógeno en las mujeres que toman terapias de reemplazo hormonal o anticonceptivos orales, mientras que el inhibidor de proteasa indinavir (Crixivan) y el NNRTI efavirenz (Sustiva) aumentan el nivel de esta hormona.

Desde el punto de vista práctico, las mujeres que toman inhibidores de proteasa deben asesorarse respecto a cómo pueden modificar la dosis de su anticonceptivo oral o terapia de reemplazo hormonal a fin de mantener la eficacia, o bien optar por usar otros métodos para el control de la natalidad. Además, los resultados sugieren también que algunos inhibidores de proteasa pueden disminuir el nivel natural de estrógeno en las mujeres, generando posiblemente otras consideraciones médicas asociadas con la deficiencia de esta hormona (como por ejemplo, la menopausia prematura y la pérdida de densidad ósea).

Comentarios
A medida que aumentan las complicaciones en el campo de la farmacología de los medicamentos contra el VIH, quedan pendientes muchas preguntas respecto a las diferencias de su efecto en las mujeres. Para que puedan contestarse estas preguntas, es fundamental contar con un número suficiente de mujeres dispuestas a participar en estudios de nuevas terapias, y llevar a cabo más estudios con la finalidad de descubrir otras diferencias potenciales entre los sexos. La industria, el gobierno y la comunidad deben trabajar conjuntamente para asignar la debida prioridad a estas áreas de investigación y superar los obstáculos que aún existen para la inclusión de mujeres en las investigaciones.

 
     
 

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