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PI Perspective #30Agosto de 2000 Ver PDF En inglés La negación ha sido vencida, reina la esperanzaLa XIII Conferencia Internacional del SIDA, llevada a cabo en Durban, Sudáfrica, mostró ser tanto la reunión más importante como la más inusual, desde los comienzos del SIDA. Esta es la primera vez que una reunión internacional a gran escala ha sido realizada en el corazón de la epidemia global. Más que en cualquier otra conferencia anterior, ésta se vio forzada, por la pura proximidad, a confrontar el creciente sufrimiento humano asociado con la enfermedad. Hizo hincapié en los costos prohibitivos de los medicamentos y en la necesidad de construir la infraestructura médica y social que se requiere para dar apoyo al complejo tratamiento del VIH. Igualmente, constituyó un momento crítico para muchos países africanos, que debieron enfrentar la amenaza cara a cara, ponderar los costos de la falta de acción del gobierno y entender la necesidad de pensar con claridad sobre las posibles soluciones. Desafortunadamente, también fue una conferencia afectada por grandes elementos distractores, sobre todo provenientes del movimiento de negación que ha surgido en los Estados Unidos y en Europa, el cual propugna la creencia de que el SIDA no existe, ni siquiera en África, y que, aun en el caso de que exista, no tiene relación alguna con el VIH. Por primera vez, estos puntos de vista constituyeron una parte importante de la información publicada por los medios de comunicación sobre la conferencia. No podía haber un peor momento para dicha deshonestidad intelectual, pseudociencia y arrogancia. Sin embargo, todavía hay esperanzas de que la sola presencia de la conferencia y la atención que le prestaron los medios de comunicación, cualquiera que haya sido su enfoque, fue suficiente para dar al SIDA la prioridad que le corresponde en las naciones en desarrollo. Hacia el final de la conferencia, se estaba volviendo a poner atención a los asuntos que verdaderamente importan, tales como la prevención, los precios injustos de la industria farmacéutica y la falta de la infraestructura médica necesaria para ofrecer el cuidado básico de la salud y el tratamiento del VIH. ¿Qué sucedió? Pero la perspectiva de la conferencia se vio desdibujada cuando el presidente sudafricano Thabo Mbeki se encontró accidentalmente con las teorías de la negación mientras navegaba en la Internet. La gran curiosidad que la teoría de la negación despertó en el presidente Mbeki, hizo que muchos científicos en África y en todo el mundo se retorcieran las manos con desesperación y en muchos casos hasta cancelaran su participación en el evento. Aunque está bastante claro que el presidente Mbeki cometió un error al dar plataforma a estas teorías de negación, mediante un panel de su propia creación, también está bastante claro que planteó una serie de interrogantes que deberán ser resueltos, si es que África alguna vez va a poder afrontar el reto del SIDA. Desafortunadamente, se ha puesto demasiada atención a su involucración con teorías marginales desacreditadas. Perdidos en medio de los debates están los desafíos verdaderos que él planteó sobre cómo ofrecer soluciones para su país. Un poco sobre los antecedentes Los esfuerzos para detener la propagación de la transmisión del virus de la madre al bebé se han visto obstaculizados por una mezcla de precios altos en los medicamentos y confusión sobre la eficacia de los mismos, la cual se ve reforzada con las teorías de negación. Por ejemplo, ellos han despertado serias sospechas sobre la eficacia del AZT, al atribuirle la toxicidad que se presenta en el uso a largo plazo, a la de su uso en el corto plazo, es decir en los meses próximos al nacimiento del bebé. Todavía no existe un plan gubernamental en Sudáfrica que haya sido diseñado para prevenir la transmisión de la madre al bebé. En cambio, el gobierno argumenta que está esperando el resultado de estudios adicionales y construyendo la infraestructura necesaria. Sin embargo, algunos esfuerzos independientes por parte del grupo ganador del premio Nobel “Médicos sin fronteras” han demostrado que es posible llevar a cabo esta labor, aún contando con la infraestructura existente. Ningún país en África se encuentra en mejor posición que Sudáfrica para hacerle frente al SIDA, aún con respecto a otros países que cuentan con más y mejores programas. El tratamiento preventivo contra la transmisión de la madre al bebé es viable desde el punto de vista financiero, y el país ya ha comenzado a invertir en una amplia red de clínicas que podrían ayudar a administrar la terapia dentro del contexto de la atención prenatal. Resulta muy frustrante que dentro de los obstáculos para la prevención de la transmisión de la madre al bebé se encuentren la política y la falta de información. Quizás más desafiantes aún son los problemas relacionados con la prevención y suministro de tratamiento a las personas que ya están infectadas. Las condiciones sociales y las prácticas culturales hondamente arraigadas con respecto al sexo y al papel de la mujer, dejan inservibles los programas de prevención occidentales. Ciertamente los condones pueden ser útiles, pero solamente si las normas culturales respaldan su uso. Las violaciones y otros abusos a las mujeres por parte de los hombres, juegan un papel importante en la transmisión del VIH y deben ser confrontados claramente. Pero tomará tiempo lograr algún cambio significativo y solamente podrá ser el resultado de un extenso debate nacional y de una fuerte labor de liderazgo. Es la falta de acción en estos frentes lo que causa frustración a muchos de los trabajadores y activistas del SIDA en Sudáfrica y en gran parte del continente africano. Es demasiado fácil enfocarse en el tratamiento con medicamentos como la solución al problema, y el presidente Mbeki tiene razón al señalar que los programas de tratamiento occidentales simplemente no pueden ser transplantados al entorno sudafricano. Aún con grandes descuentos en el precio de los medicamentos, el tratamiento para la población infectada podría enviar a la bancarrota incluso a este país, que es el más rico de la región sub-Sahariana. Más aún, el costo bruto de los medicamentos es sólo una parte del cuadro total, ya que las terapias actuales para le SIDA no pueden ser usadas eficazmente sin efectuar grandes inversiones en pruebas de diagnóstico y servicios, así como en la atención médica complementaria. (Ver los artículos El precio de los medicamentos, el SIDA y los países en vías de desarrollo de esta edición de PI Perspective para más información sobre este tema). Para venir a empeorar el problema, hay que tener en cuenta también que el SIDA no es el único problema médico que requiere atención en Sudáfrica. Muchas otras enfermedades serias compiten por la atención gubernamental, además de la pobreza y la desnutrición. Todos los problemas por igual se ven afectados por soluciones que implican altos costos. Con estos antecedentes, nadie envidia las difíciles decisiones que deberá tomar el gobierno de Sudáfrica. No existen soluciones que sean simples o que ya estén disponibles. Lo último que necesitaba el presidente Mbeki era obtener una información confusa por parte de desacreditados científicos occidentales, quienes poseen poca o ninguna experiencia en el manejo de la crisis del SIDA. Sin embargo fue eso exactamente lo que pidió y lo que obtuvo. El grupo de los que niegan al SIDA al rescate Con anterioridad a la conferencia de Durban, el presidente Mbeki se enteró de los puntos de vista de quienes niegan al SIDA en una noche de desvelo, en la que trataba de encontrar soluciones en la Internet. El pensó que había encontrado a un noble grupo de autodenominados “disidentes” que reclamaban haber sido injustamente aislados y rechazados por el pensamiento científico predominante. Sus propios escritos fallan en mencionar cuántas veces el escrutinio científico ha evaluado, analizado y rechazado sus argumentos de que el VIH no causa el SIDA, que es un virus inofensivo o inexistente, y que no existe tal crisis en África. Para Mbeki, el término “disidente” tiene una noble con-notación política con la cual él, comprensiblemente, se puede identificar. Mbeki no tenía ninguna manera de enterarse sobre la historia del grupo de negadores del SIDA o de los personajes que pululan en sus páginas web, o si se trataba de investigadores científicos auténticos, de personas siguiendo una causa perdida o simplemente de la última conspiración teórica. Desafortunadamente, la experiencia personal de Mbeki como disidente político lo convirtió en blanco fácil para las teorías de la negación. Pronto él estaría invitando a Sudáfrica, para consultas, a dos de los miembros de este grupo: David Rasnick y Charles Geschecner, de California. A Peter Duesberg se le solicitó que enviara su libro e información pertinente. Una vez que se inició el rumor, los antes desconocidos escritores y activistas marginales del circuito de negación, estaban ya cantando las alabanzas a Mbeki y atiborrándolo con sus papeles, documentos y opiniones. No se hizo ningún esfuerzo similar por obtener información de expertos genuinos sobre el SIDA, por lo menos al comienzo. La comunidad científica, tanto en África como en el resto del mundo, quedó estupefacta al enterarse de que Mbeki estaba, sin darse cuenta, abriéndole la puerta del gallinero a la zorra. En lugar de obtener consejo de personas verdaderamente expertas en el SIDA, había sido repentinamente informado de que el SIDA no existía, que la enfermedad no era infecciosa, y que sólo se trataba de una manifestación de la pobreza por la cual no tenía que hacer nada al respecto. La personas que no querían ver que los gobiernos occidentales comenzaran a canalizar fondos provenientes de los impuestos hacia los países africanos, estaban ahora magnificando su mensaje a través de uno de los principales líderes africanos. Mbeki escribió una carta fuerte y con términos extraños al Presidente Clinton de los Estados Unidos, sugiriendo que quienes no querían que él escuchara a los que negaban al SIDA, eran de alguna forma similares a los opresores de los negros sudafricanos en la época del Apartheid. Sin embargo, debió haber sido una gran sorpresa para Mbeki, comprobar que quien defendía con más vehemencia estas ideas, era precisamente el partido Boerstadt sudafricano, que es el ala derecha remanente de los partidos que apoyaban al Apartheid. Científicos africanos de renombre mundial se unieron a los investigadores internacionales del SIDA para urgirle reconsiderar su posición. El panel de expertos Los informes de las personas que asistieron a esa reunión indican que dentro de la primera hora de discusión, quedó en claro que se tenía muy poco o ningún terreno en común. Poco después de que Mbeki mismo menospreciara la tragedia del SIDA que afecta a su país, uno de los líderes del grupo detractor aseveró que no había ninguna prueba sobre la existencia de problema alguno o situación inusual sucediendo en este momento en África. En los dos días de discusión que siguieron en creciente deterioro a partir de ese momento, hubo una clara división entre los científicos convencionales y los detractores. Después de la reunión del fin de semana, los debates se centraron sobre un grupo de discusión “cerrado” de la Internet, prácticamente hasta la semana anterior a la celebración de la Conferencia sobre el SIDA en Durban. Al final de la reunión, se convino en un vago “acuerdo” para hacer mayores análisis sobre la exactitud de las pruebas de sangre para detectar al VIH. Después de tanto alboroto ésta resultaba una conclusión sin mucho fondo. Durban: La oportunidad perdida Los otros temas que Mbeki abordó en su discurso, tales como la pobreza, el hambre y las necesidades sanitarias, son sin lugar a dudas de mucha importancia. Pero, según se apresuraron a señalar algunos investigadores, estas condiciones existían ya con mucha anterioridad a la aparición del SIDA y no son peores—y en muchos casos mucho mejores—que hace 50 años. Sin embargo, la tasa de mortalidad aumenta día a día mientras que la esperanza de vida decrece proporcionalmente. Lo que es nuevo, obviamente, es el VIH y el SIDA. Y eso precisamente fue lo que él dejó de mencionar. En cambio, gastó precioso tiempo defendiendo sus investigaciones sobre las teorías de la negación, enviando así una señal confusa a los pacientes y trabajadores del SIDA en todo África. El daño que se hizo puede extenderse hasta más allá del África. Cuando un respetado jefe de Estado entretiene públicamente la idea de que el VIH puede ser inofensivo, hace que la labor de prevención sea mucho más difícil. A no ser que en este momento haga declaraciones contrarias, que sean completamente claras e inequívocas, muchas personas—guiadas además por las teorías que niegan al SIDA—pueden decidir tomar la vía fácil e ignorar los difíciles mensajes y comportamientos que requiere la prevención adecuada de la enfermedad. Esta falta de acción también ha demorado el comienzo de tratamientos patrocinados por el gobierno para prevenir la transmisión del virus de la madre al bebé y puede hacer que la madres se sientan atemorizadas de utilizar medicamentos para este propósito. El presidente Mbeki tuvo una buena idea al buscar la asesoría de los expertos, pero el proceso fue desvirtuado al tratar de abordar la posición que defienden quienes niegan la existencia del SIDA en vez de los problemas reales que se tenían a mano. La verdadera culpa aquí recae no en Mbeki mismo, sino en el grupo de detractores, quienes se han aprovechado del lapso en la prudencia del presidente. Habiendo fallado en lograr el reconocimiento de sus teorías dentro de los campos de la ciencia, han recurrido a los de la política. Colocaron sus estrechos y repetidamente rechazados puntos de vista por encima de las vidas de decenas de millones de hombres, mujeres y niños africanos. El canal apropiado para debatir las causas del SIDA es la comunidad científica, donde los diferentes puntos de vista son sometidos al proceso científico y al escrutinio de sus semejantes. Cuando una posición falla repetidamente dentro de este canal, sus pro-ponentes no tienen por qué tratar de vender sus creencias en los campos políticos o públicos, en donde las personas carecen de los elementos adecuados para hacer una evaluación exacta. Si ellos continúan tratando de obtener su aprobación, estarían éticamente obligados a llevar a cabo un mayor número de experimentos, recolectar más información y una vez más tratar de convencer a sus colegas. A algunos detractores les gusta compararse con Galileo o con otros científicos famosos, cuyas visiones alguna vez fueron consideradas heréticas. Pero esta comparación es falsa. Tanto Galileo como otros eventualmente triunfaron a través de la fuerza de la información que presentaron a sus colegas científicos, y no a través de coqueteos retóricos a los políticos y al público en general. Mandela hace su aparición Comentario Aunque la XIII Conferencia Internacional sobre el SIDA no ofreció mucha información científica de interés para los pacientes occidentales, puede representar el inicio de la esperanza para millones de personas que se encuentran en el olvido. Los gobiernos, las compañías, los investigadores y los activistas deben ahora ofrecer cualquiera que sea la ayuda que tengan disponible. (Una edición especial de PI Perspective saldrá próximamente resumiendo los principales puntos discutidos en esta conferencia). |
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