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PI Perspective #30

Agosto de 2000     Ver PDF     En inglés

Las hierbas, los suplementos y el VIH

Desde hace mucho tiempo, las personas con VIH vienen recurriendo a las vitaminas, suplementos y hierbas con la esperanza de que les ayuden a controlar los efectos secundarios de otras terapias o a mejorar su estado de salud en general. De hecho, los estudios sugieren que más del 70 % de los portadores del VIH y cerca del 50 % de la población en general usan algún tipo de terapia complementaria, estando entre las más comunes el masaje y la acupuntura. Lamentablemente, no se han estudiado o examinado muchas terapias complementarias en personas con VIH, para determinar cómo interactúan con medicamentos de uso frecuente o si potencian los beneficios globales del tratamiento. Recientemente, varios informes han puesto en tela de juicio la seguridad de algunas de las terapias complementarias, tanto en el entorno de las personas afectadas por el VIH como a nivel más generalizado.

Este artículo no pretende desaconsejar el uso de terapias complementarias, sino invitar a la reflexión antes de tomar una decisión sobre estos remedios. Las empresas que promocionan hierbas, suplementos y vitaminas anuncian los posibles beneficios de los productos, pero el consumidor dispone de muy poca información sobre los productos en sí, su verdadera utilidad en el tratamiento de problemas concretos o siquiera el contenido de los productos que compran. Los promotores de suplementos y hierbas suelen ser los primeros en criticar los medicamentos recetados, calificándolos como los productos del “gran negocio”; pero lo cierto es que los suplementos y las hierbas constituyen una enorme industria, ¡cuyas ventas anuales ascienden a los 20 mil millones de dólares! En este artículo se pondrán de manifiesto las nacientes inquietudes sobre el uso de diversas estrategias complementarias y, en la medida de lo posible, se abordarán las maneras de reducir al mínimo los riesgos potenciales asociados con el uso de estas terapias.

Algunos antecedentes
Según las leyes vigentes, las vitaminas, los suplementos y las hierbas no requieren ser evaluados por organismos normativos (por ejemplo, la FDA: Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU.) para lanzarse al mercado; basta con que sus fabricantes declaren que el producto “en líneas generales, se considera inofensivo”. Esto significa que los fabricantes no tienen ninguna obligación de llevar a cabo estudios para demostrar la eficacia y la seguridad de sus productos, dejando al consumidor con una gran carencia de infor-mación significativa sobre los beneficios o los efectos secundarios de las terapias. Algunos fabricantes citan referencias imprecisas a unos “estudios” en sus textos publicitarios, pero casi siempre se trata de investigaciones muy pequeñas y no controladas. Además, tampoco someten a estos productos a las estrictas pautas que rigen la elaboración de productos farmacéuticos, denominadas “Buenas prácticas de fabricación”. En consecuencia, existe una enorme variabilidad en los productos en cuanto a sus ingredientes activos, e incluso entre distintos lotes de determinado producto procedentes de un mismo fabricante. De hecho, algunos estudios han demostrado que ciertos productos disponibles en el comercio no contienen, en absoluto, los supuestos ingredientes activos; en otros casos, se ha demostrado que algunos suplementos herbarios contienen sustancias químicas peligrosas (como el arsénico y el plomo, que pueden ser mortales); y, como si esto fuera poco, se ha comprobado que otros productos contienen medicamentos farmacéuticos. Sin embargo, los mejores fabricantes se esfuerzan seriamente en suministrar el producto genuino en las cantidades declaradas; pero, debido a la falta de requisitos normativos, no hay una manera sencilla de determinar la veracidad de la información.

Los consumidores deben estar conscientes de estos hechos, y tomar medidas para reducir su riesgo de comprar productos contaminados o carentes de ingredientes activos. Para ello deben buscarse proveedores confiables de hierbas, vitaminas y suplementos. Consulte a un profesional capacitado en medicina alternativa (por ejemplo, un herborista o nutricionista que esté especializado en el VIH) y reúna información sobre los productos que esté pensando tomar. No se limite a confiar en las palabras de los vendedores del producto en las tiendas; el hecho de haberlo oído de sus propios labios no es ninguna garantía de que la información sea cierta. En el paquete mismo, o en sus sitios en Internet, algunos envasadores de hierbas y fabricantes de suplementos alegan que sus productos han sido sometidos a pruebas para confirmar su contenido de ingredientes activos. Haga algunas indagaciones para ver qué puede averiguar; por ejemplo, algunas publicaciones de interés público tales como Consumer Reports y otros grupos parecidos como consumerlab.com analizan periódicamente los suplementos y publican los ingredientes presentes en diversas marcas. Pero ni siquiera esto es suficiente para informarle si el producto le traerá algún beneficio. Por regla general, si una empresa ha demostrado comportarse con rectitud con varios de los productos que han sido analizados por grupos de protección al consumidor, es razonable suponer que aplican normas similares a los demás productos que elaboran. Según los investigadores que evalúan estas terapias, los productos de alta calidad que el fabricante somete a prueba generalmente no son los que se consiguen en los supermercados y farmacias corrientes.

Interacciones entre los medicamentos
Se ha demostrado que la hierba de San Juan (St. John's Wort; conocida también como “hipérico”), un suplemento herbario de venta libre que goza de amplia popularidad y se toma para combatir la depresión leve, tiene interacciones potencialmente graves con los inhibidores de proteasa y los inhibidores no nucleósidos de transcriptasa inversa (NNRTI, sigla en inglés). Consulte la publicación PI Perspective 29 para obtener más detalles sobre este estudio. Esto no significa que la hierba de San Juan sea inefectivo para aliviar la depresión en las personas, sino que plantea un serio problema de interacción entre medicamentos que podría disminuir la eficacia de las terapias contra el VIH.

Una de las razones que llevó a los investigadores a examinar las posibles interacciones entre la hierba de San Juan y la terapia contra el VIH es que, en el cuerpo, esta hierba es procesada por la misma enzima (denominada “p450”) que metaboliza a muchos medicamentos, entre éstos a los inhibidores de proteasa y la mayoría de los NNRTI. Se han documentado los efectos que tienen diversos suplementos dietéticos y hierbas sobre la enzima p450. Dependiendo del tipo de interacción que tengan con la p450, el uso conjunto de estos productos con las terapias contra el VIH puede disminuir o aumentar las concentraciones sanguíneas de los medicamentos antivirales, poniendo a las personas en peligro de desarrollar resistencia a sus tratamientos contra el VIH o de sufrir efectos secundarios graves. Entre las hierbas que ejercen efectos comprobados en la enzima p450 se encuentran:

La hierba de San Juan (St. John's Wort)
El ajo
El ginseng
La melatonina
El cardo mariano, o silimarina (Milk thistle)
El genipósido
La escutelaria (Skullcap)

El Dr. Piscitelli, de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), está dirigiendo una serie de estudios de interacciones destinados a recopilar información para aumentar la seguridad de uso de las terapias complementarias con medicamentos contra el VIH. En una charla que dio hace poco, el Dr. Piscitelli recalcó que el suplemento más utilizado por las personas que asisten a la clínica del VIH en los NIH es el ajo (este hecho será evaluado en los próximos estudios). Citó el caso reciente de una mujer, que inició un régimen anti-VIH que contenía ritonavir (Norvir) y luego comenzó a tomar suplementos de ajo. Después de comenzar los suplementos, la mujer empezó a tener náuseas y vómitos graves; estos síntomas desaparecieron en cuanto dejó de tomar el ajo. Es posible que el ajo le haya aumentado los niveles de ritonavir y, en consecuencia, sus efectos secundarios. Piscitelli citó también un segundo caso en que los suplementos de ajo pueden haber potenciado los efectos asociados con el ritonavir. Se cree que el ajo también puede aumentar el riesgo de efectos secundarios con otras terapias contra el VIH. Aunados a los informes de que el ajo afecta la función de la enzima p450, estos datos sugieren que, hasta que se disponga de más conocimientos, debe procederse con cautela al combinar altas dosis de ajo con medicamentos contra el VIH que son metabolizados por la enzima p450 (es decir, los inhibidores de proteasa y los NNRTI). Además, en caso de experimentar problemas digestivos graves (es decir, diarrea, náuseas y vómitos), las personas que toman ajo junto con su terapia contra el VIH deben dejar de tomar el suplemento para ver si se les aminoran los síntomas.

Según un artículo reciente de la revista médica The Lancet, se han publicado numerosos informes sobre interacciones entre fármacos y las siguientes hierbas o alimentos:

Betel Nut
Devil’s claw
Garlic
Ginseng
Kava
Psyllium
Saiboku-to
Sho-saiko-to
Valerian

Chili Pepper
Dong quai
Ginkgo
Guar gum
Papaya
St. John’s Wort
Shankhapushpi
Xiao chai hu tang
Yohimbine


Para disminuir el riesgo de interacciones entre las hierbas y los medicamentos, el Dr. Piscitelli sugiere a las personas que conversen más exhaustivamente con sus médicos y farmaceutas sobre el uso de terapias complementarias. Al principio, tanto a los pacientes como a sus médicos podría costarles acostumbrarse a este tipo de comunicación. Tal vez los médicos necesiten aprender a escuchar a sus pacientes y brindarles apoyo en el uso de terapias complementarias, sin ningún tipo de prejuicios; sin embargo, es muy probable que sean los pacientes los que lleven las riendas de este proceso de aprendizaje. El paciente necesita ser abierto y franco con su médico, comunicándole lo que toma o está pensando probar. La única manera de recoger información sobre las interacciones y los efectos secundarios es que el paciente elabore una historia completa de los medicamentos que toma, la cual debe incluir las hierbas, las vitaminas y los suplementos. También es importante que los pacientes, los médicos y los farmacéuticos se mantengan al día con la información de última hora sobre los estudios de interacciones entre los medicamentos y las hierbas.

¿Y cuáles son los efectos secundarios?
El mito más ampliamente difundido sobre las terapias complementarias es que no son tóxicas. Existe una falsa concepción muy generalizada de que el hecho de que un producto sea de origen “natural” o se venda sin receta, significa que no produce efectos secundarios. Contrariamente a esta creencia, se ha informado de numerosos casos de personas con VIH que han experimentado efectos secundarios a causa de las terapias complementarias. Los preparados de hierbas chinas que contienen cuernos de venado, por ejemplo, pueden provocar náuseas, diarrea y otros problemas gastrointestinales. Se sabe de un caso en que un hombre dejó de tomar todos sus medicamentos contra el VIH para tratar de determinar cuál de sus ellos estaba descomponiéndole el estómago y la calidad de vida. Resultó que no eran las terapias contra el VIH las culpables de sus malestares: cuando dejó de tomar su preparado de hierbas chinas (que contenía cuernos de venado), sus problemas desaparecieron. En altas dosis, la vitamina C puede provocar diarrea grave. El exceso de vitamina B puede causar una complicación que requiere hospitalización, y tomar demasiada vitamina A puede ser peligrosamente tóxico para el hígado. Los efectos secundarios ocasionados por las hierbas, las vitaminas y los suplementos no necesariamente aparecen de inmediato; podrían transcurrir varias semanas después de iniciada una terapia antes de que se manifiesten los efectos secundarios. Para ayudar a determinar cuál de las terapias está causando los problemas, resulta útil llevar un registro preciso de todos los medicamentos tomados, documentando las fechas en que se comienza y se deja de usarlos y el momento en que se presentan los efectos secundarios.

A continuación se enumeran varias hierbas que han demostrado causar efectos secundarios graves:

  Hierba

  Toxicidad demostrada

  Borraja (Borage)

  Toxicidad hepática

  Cálamo aromático (Calamus)

  Toxicidad renal

  Tusílago (Coltsfoot)

  Toxicidad hepática, sensibilidad a la luz

  Consuelda (Comfrey)

  Enfermedad vaso-oclusiva

  Efedra (Ephedra)

  Insuficiencia cardíaca, apoplejía, hipertensión

  Camedrío (Germander)

  Inflamación del hígado (hepatitis)

  Senecio dorado (Life root)

  Enfermedad veno-oclusiva

 

La tabla sigiuente contiene una lista de hierbas con efectos secundarios comprobados.

  Vitamina

 

Posible efectos secundarios de los suplementos

  Vitamina A y beta-caroteno

 

Tal vez sea la vitamina más tóxica. En dosis elevadas (mayores de 25,000 UI al día) aumenta el peligro de toxicidad; los efectos secundarios incluyen: falta de apetito, pérdida de peso, malformaciones óseas, fracturas espontáneas, sangrado interno, toxicidades hepáticas y defectos de nacimiento.

  Vitamina B-6 (piridoxina)

 

Se ha observado la aparición de neuropatías reversibles en personas que toman dosis elevadas (500mg a 6 gramos al día) por períodos prolongados. Vitamina B-12 En raras ocasiones se han observado reacciones alérgicas.

  Folato

 

En dosis elevadas, se ha asociado con una disminución de la absorción del cinc.

  Vitamina C

 

En dosis elevadas, puede causar diarrea y problemas gastrointestinales. Existen formulaciones con reguladores que pueden aminorar los problemas digestivos. Las personas con antecedentes de cálculos renales deben consultar a un médico antes de tomarla en altas dosis.

  Vitamina D

 

Potencialmente muy tóxica; puede provocar lesiones óseas. Se han comunicado efectos tóxicos con una dosis única elevada de suplemento.

  Tiamina

 

En dosis intravenosas muy elevadas, puede provocar intoxicación, dolores de cabeza, convulsiones, debilidad muscular, parálisis y arritmias cardíacas.

  Biotina

 

No se le conoce toxicidad alguna.

  Vitamina E

 

No se le conoce toxicidad alguna.

  Riboflavina

 

No se le conoce toxicidad alguna.

  Ácido pantoténico

 

No se le conoce toxicidad alguna en seres humanos.

  Vitamina K

 

No se le conoce toxicidad alguna en seres humanos.

  Niacin

 

Las toxicidades podrían estar vinculadas a la formulación. El ácido nicotínico puede provocar comezón, náuseas, vasodilatación y vómito en dosis de 2 a 4 gramos/día. La nicotinamida en sí produce este tipo de toxicidades sólo en raras ocasiones.

 

A diferencia de los productos farmacéuticos, no se requiere llevar a cabo estudios a gran escala para documentar los efectos secundarios de las terapias complementarias, ni tampoco suelen señalarse estos efectos en los materiales envasados con los productos. La clave para disminuir el riesgo de los posibles efectos secundarios de estas terapias radica en informarse sobre sus síntomas, estar pendiente de su aparición y tomar medidas para reducir al mínimo los peligros.

Sea consumidor precavido
Recientemente, el Comité para Alimentos y Fármacos (FDB) de California, un organismo estatal equivalente a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), retiró del mercado varios suplementos de hierbas chinas para el control de la diabetes. La medida se impuso porque un paciente diabético tuvo que ser hospitalizado después de tomar uno de los suplementos. Se sometieron a prueba a los suplementos, encontrándose que contenían un medicamento farmacéutico usado para tratar la diabetes. El medicamento adicional presente en el producto que alegaba ser “natural” le ocasionó una sobredosis al paciente.

Hay numerosos remedios herbarios que contienen sustancias controladas y posiblemente peligrosas, cuya distribución está prohibida por la FDA. La FDA reconoce abiertamente que no tiene los suficientes medios de patrullaje como para garantizar que estos productos se mantengan fuera de circulación en todas las tiendas. Las investigaciones de la prensa sobre este tema en California revelaron innumerables experiencias de personas que salieron perjudicadas por tomar productos que contenían plomo, arsénico, esteroides anabólicos y otras sustancias controladas y posiblemente peligrosas.

Para protegerse a sí mismo, busque vendedores de confianza, recopile información sobre el producto y asesórese con profesionales capacitados.

Conclusión
Los remedios herbarios y otras vitaminas se venden como “suplementos alimenticios” y no se someten a las rigurosas pruebas requeridas para los demás medicamentos. No están regulados y tal vez no revelen todo el contenido del producto; algunos ni siquiera contienen el ingrediente mencionado en las cantidades que se alegan. No suponga que, por el mero hecho de que está disponible sin receta médica o es “natural”, un producto no le va a causar efectos secundarios o que no tendrá una interacción negativa con los demás medicamentos que usted toma.

Sólo en los Estados Unidos, se calcula que el año pasado se gastó la suma de 20 mil millones de dólares en terapias complementarias. El uso de estos tipos de terapia ha aumentado casi en un 400% en los últimos ocho años, y se estima que el 50% de la población estadounidense las toma. Las ventas de productos complementarios es una industria pujante; hasta la fecha, la industria ha hecho muy pocos esfuerzos para documentar el uso seguro y eficaz de sus productos, y es improbable que llegue a hacerlo algún día. El gobierno de los Estados Unidos, a través de NIH, ha establecido dos centros botánicos cuyo objeto será evaluar las terapias complementarias y alternativas, y les ha asignado un presupuesto de 68 millones de dólares; en breve se subvencionará a un tercer centro. Cada cierto tiempo, se entablan nuevas conversaciones para examinar posibilidades y maneras de regular mejor la comercialización de suplementos y hierbas nutricionales.

Es extremadamente difícil evaluar las hierbas y sus interacciones con los medicamentos, porque a menudo se desconoce el ingrediente activo de los productos y su dosis. Adicionalmente, los estudios de interacciones para medicamentos farmacéuticos suelen durar apenas entre una semana y diez días, en comparación con los estudios de interacciones entre medicamentos y hierbas, cuya duración prevista será mucho mayor. En consecuencia, estos estudios serán mucho más costosos, porque es probable que las personas tengan que tomar las hierbas por varias semanas antes de que pueda observarse algún efecto. Aunque se establezcan las interacciones para determinado producto, no está claro cómo podrán aplicarse los resultados a otros productos similares, debido a la falta de control respecto a las dosis. Ya que no hay ningún estudio que haya determinado la dosis apropiada o ideal de muchas terapias complementarias, los investigadores se enfrentan a un desafío adicional al tratar de seleccionar la dosis de las hierbas que van a examinar. Conseguir los fondos necesarios para los estudios seguirá siendo problemático, limitando la capacidad de progresar rápidamente. Muchas empresas que venden terapias herbarias y otras estrategias complementarias están renuentes a patrocinar estudios capaces de revelar que sus productos carecen de utilidad, tienen efectos secundarios o interactúan con medicamentos de uso frecuente; esta información podría perjudicar su balance final de ganancias. Por muchas de las mismas razones, las compañías farmacéuticas tampoco están dispuestas a patrocinar estos estudios, y la FDA no les requiere que lo hagan.

Cualesquiera que puedan ser los beneficios de las hierbas, las vitaminas y los suplementos, sencillamente no hay suficiente información que sirva de guía en la toma decisiones respecto al uso de estos remedios. Tenga siempre presente que el uso de estos productos entraña cierto riesgo.

 
     
 

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